MI RESIDENCIA SUBTERRÁNEA
Solía caminar sin sentido a casa de mi amiga, atravesando la ciudad a través de un subterráneo que me producía una ligera impaciencia. Corren luces, destellos metálicos aparecían sobre imágenes de cerebros vírgenes, configurando en mi retina una supuesta oscuridad donde los rayos son el combustible ecológico. Subir, bajar, siempre eran grandes extensiones de papel lumínico; el camino hacia aquella residencia era algo especialmente repetitivo. Orden de pensamiento, degradación visual y sentido de la lógica estructural, música en aquel extraño altavoz.
El plano se subordina a la línea, la imagen es mas delgada y el fondo es solo estorbo; ladrón de números eres un extraño tratando de transmutar: alargamiento, espectralidad gigante, sensación de atravesar puertas de electrum.
El mercurio del dragón, espacio divertido como decálogo; roto y fragmentado como montañas nubelicas, apariencias tubulares de inspiraciones sagradas.
Divina inteligencia que prometes un puente entre lo visible y lo mágico, me has hecho encontrar pequeños refugios elásticos de formas cónicas.
Expresiones de miedo y grupos con sensores monolíticos, son esas líneas despreciadas por la imaginación.
Mi amiga no esta…
Tendré que volver.
